“Buscamos la manera más rápida de desobstruir y hemos hecho lo humanamente posible”

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La creciente de más de siete metros registrada el martes en el río San Antonio afectó el normal funcionamiento de la planta potabilizadora de agua de Cuesta Blanca. Un tapón de arena y sedimento obstruyó el ingreso de agua desde el dique hasta la toma de la planta. Fueron 45 metros de sedimento ingresados en la cañería de 1 metro de diámetro.

Desde el primer momento los trabajadores de la COOPI trabajaron en el restablecimiento del servicio. Solo el jueves por la mañana las cuadrillas no pudieron ingresar debido al operativo policial dispuesto por la municipalidad que pretendió avanzar con el traspaso del servicio sin tener una resolución judicial que lo avale y sin haber resuelto la continuidad laboral de quienes se desempeñan en el servicio.

Oscar “Tito” González, jefe de servicios de agua y cloacas de la COOPI, detalló que durante cuatro días se desarrollaron diversas tareas para destapar la cañería. “Lo hicimos de forma manual y a través de hidrolavado. Hoy pudimos destapar. Nos queda quitar el resto de arena, purgar la cañería, recuperar la planta para recién después empezar a trasladar el líquido”, explicó.

El operario detalló que las tareas estuvieron atravesadas por situaciones de incertidumbre y bronca ante la avanzada municipal. “El jueves la policía no nos dejaba entrar a trabajar y quizás podríamos haber terminado antes los trabajos”, dijo y remarcó: “Los chicos le ponen mucha garra. Sienten mucho amor por lo que hacen y mucho amor por la COOPI. Eso explica el esfuerzo hecho en estos días”.

González rechazó de plano las sospechas que deslizaron los funcionarios municipales respecto de que se trataba de un boicot en el marco del conflicto por el servicio. “Me da tristeza ver que hay muchos vecinos que a lo largo de 57 años la COOPI jamás tomó de rehén al servicio. Incluso en los tres meses de lucha que nos ha llevado a estar en las calles, jamás hemos abandonado el servicio y nunca dejamos de atender los reclamos. Tenemos una responsabilidad. Sabemos que lo hacemos y hacemos lo que sabemos. Priorizamos a la gente, que no es la culpable de todo este conflicto”, expresó.

El hecho de que la creciente haya arrastrado tantos sedimentos da cuenta del deterioro de la cuenca, que ha sufrido incendios y desmontes. En este sentido, el jefe de servicios reconoció que fue difícil destapar la cañería. “Nos llevó tiempo y cansancio. Estuvimos trabajando de una manera muy incómoda y arriesgada, porque no sabíamos hasta que punto era el taponamiento. Se pone en riesgo la integridad física. Nos puede más las ganas de resolver el problema y el amor al laburo que tenemos. Buscamos la manera más rápida de desobstruir y hemos hecho lo humanamente posible”, destacó.